Y llega el dia
en que no basta
con esas postales desgastadas
por el tiempo,
por las lagrimas.
Llega el dia
en que cuesta rememorar
o se hace por costumbre,
por soledad,
¡por miedo!
llega el tiempo
en que da rabia, incluso impotencia
que sea uno, ¡solo uno!
quien atesore -o asi lo pretenda-,
esas particularidades,
todos esos pequeños detalles
que, al menos a mi,
me hacian sentir fuerte, invulnerable;
llega el tiempo
en que los sueños se espacian,
¡y no nos importa!
¡hasta llegamos a pedirle
a un dios, supuestamente presente
que no regresen!
que nuestra mente,
nuestro espiritu
nuestra piel,
se despojen de todo aquello
que, al parecer,
no te importo ni importa en absoluto,
¡que ya no me desvela!
que ya
¡ni siquiera!
alcanza
para inspirarme.
