Es inevitable
el desborde
cuando paso
tan cerca de mi guirnalda
de flores,
-perdon pero me la apropie-;
mis letras se internaron
entre sus ramas,
se deleitaron
una vez mas
con sus amuletos
violaceos;
dejaron, desearon
que su magia
las atraviese,
se entregaron,
se entregan
a su exuberancia
y cuando se recluyo,
-¡quien sabe acerca de sus periodos de florecimiento!-
no dejaron de mirar
¡ni por un dia!
como enamorados
que aguardan, con ansia,
la llegada del ser mas preciado.
Y ella regreso,
-siempre regresa-
y ofrece su don natural
a estos, a tantos versos,
pensados o escritos
en una nueva
ceremonia
a modo de agradecimiento
y claro,
de homenaje.
