Voy a enviarte
cada una - o casi-
de las tantas hojas secas:
las amarillas, las rojas,
las de tono ocre;
las recogere
a mi paso,
no sin antes
fotografiarlas
para que no se me olviden.
Asi,
dia a dia
reunire todas las que pueda
y hallare a esas aves
que alguna vez
me hicieron soñar
con transportarme
hacia tu hoy
primavera;
ellas depositaran mi ofrenda
-o la de los arboles y arbustos-
sobre el cesped,
frente a tu casa.
Y las aves esperaran
y esperaran
ese ramo de tulipanes
que prometiste
enviarme
hace un tiempo,
-no demasiado-.
