Perdón,
tardé un rato.
Como los dispositivos,
tuve que actualizar
o, antes bien,
revisar
algunas cuestiones.
No es tan fácil
plantear temas,
redondear, concretar,
asimilar
que hay quienes
lo están o estarán leyendo
y eso implica
una enorme responsabilidad;
entretanto, la enredadera
no ofrece sus bellísimas violáceas campanillas
pero lo hará;
no falta mucho,
no falta casi nada
para el milagro
y aunque se repita
año tras año,
no cesa en su magia,
en su abrazo tácito,
tangible,
en su ejemplo
de recuperación,
de nunca sucumbir,
¡de retorno!
pese a las más devastadoras tormentas;
el viento la trajo
o los pájaros, no sé;
ella les devuelve su fulgor,
su preciosa existencia,
y pese a su deshojarse previo,
no rendirse;
tal vez,
hoy mismo comiencen
a asomarse
sus prometedores o no prometedores
brotes;
en poco tiempo,
¡la guirnalda!
acariciada por los rayos del sol,
siempre en el mismo sitio,
la vean o no,
se den cuenta, algunos,
ninguno,
-o solamente yo-.
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