Esas personas
que no tienen idea
de lo que significa,
¡la sensación de orgullo
que brinda!
el vivir
de su labor,
sea cual fuera;
el crear un texto literario,
una obra plástica, musical,
de cualquier tipo;
el ofrecerla
a los demás;
¡el hacer!
el hacer
vinculado al ser.
No, no todos
siquiera, lo imaginan.
Reciben, exigen recibir más
más y más
sin poner el menor esfuerzo
de su parte;
¿qué clase de vida
es esa?
¿cómo se puede
decir que uno existe,
cuando no brinda nada
a nadie,
-no solo a cambio de un pago-?
no lo puedo entender.
En la universidad
pensaba en cuántas personas
se tenían que esforzar para pagar sus impuestos,
-yo inclusive-
para que pudiera estar sentada allí
absorbiéndolo todo,
incorporando tantos saberes,
¡gozando
de esa incomparable inmersión en el conocimiento!
¡Tener conciencia!
La felicidad,
-algunos lo ignoran-,
está en el dar:
trabajo, actividades de toda índole
y también
apoyo, ánimo, sonrisas,
abrazos,
buenos deseos,
agradecimiento;
¡Dar
por sí solo es recibir!
y así
no se lo vea de ese modo
es lo único o lo más importante
que da título de "humano"
que nos diferenciaría
de los animales,
-en muchos casos
ellos son capaces de dar mucho más
que algunas personas-;
asistir a alguien,
ayudarlo en cualquier caso,
en cuestiones tan simples
como abrir una puerta al que entra
cargado de cosas;
no colarse
en una fila,
jamás;
dar el paso
sobre todo a la gente con dificultades;
enviar buenos deseos,
verbalmente o por escrito,
todo sirve,
todo suma;
estamos para eso.
No estamos solos.
Alguien, algunos
hicieron algo o mucho
por nosotros.
Es hora del retorno,
es momento de devolución.
El mundo será menos hostil,
volverán esos sentimientos tan devaluados,
retornará el conocimiento
del verdadero sentido
de nuestro estar.
