lunes, octubre 20, 2025

Perder el camino (una historia triste)

 Ella actúa


 quizás, sin pensarlo,


 abraza a alguien, le dice que lo quiere un montón,


 para luego, un rato, un día después


 ignorarlo, maltratarlo,

 alejarse,


 verlo casi como a un enemigo;


 ella


perdió a su papá.


No murió, no,


¡la abandonó!


tenía, apenas, algo más de un año,

¡un bebé!


por muchísimo tiempo

no supo de él,


su mamá 

tampoco;


hasta que un día apareció,

con regalos y bellas palabras;


ella creyó en él,

¿cómo no creerle?


conoció a su nueva mujer,

su nueva casa,


compartieron alguna salida que otra,


momentos


que para ella


habían sido inimaginables.


¡hasta entonces

solo lo conocía a través de fotos

o de algunas referencias que le contaban!


pero nada de eso fue tan importante

como cuando apareció 


¡apareció de pronto!


esto duró poco...


-se ignora por qué razón

tuvo que ser tan breve-;


su papá, el que había llegado, ¡al fin!

a conocer


¡volvió a esfumarse!


y ya no más.

¡ya no más!


¡con lo que significa la presencia

del papá en la vida de una niña, luego, ahora,

mujer!


por eso,

se extravía en sus sentimientos.


Los confunde, los acelera,

los extingue, los renueva...


Día tras día.


¿Le da miedo amar?

¿teme perder a quienes ama?


dado lo vivido,

supongo que es comprensible.


Si no, ¿cómo explicar

los te amo, te odio, sos lo mejor,

sos lo peor?


perdió el camino.


Creyó haberlo retomado

y volvió a perderlo.


Por eso, todo.


El amor-odio por su familia,

el renunciar a ocuparse de su propio hijo...


no tiene ejemplos,

no tiene, no tuvo un papá


que la guiara,


que le enseñara a andar en bici,


que le preguntara por sus notas

en el colegio


del cual la expulsaron


por confundir ciertos comportamientos

con ese amor que siempre le faltó,


que creyó haber recuperado

y no...


Ya es una mujer grande.


No tiene intereses propios,

estudió, dejó, no trabaja, nada.


¿Necesita ayuda?


Su madre no sé si se da cuenta

de todo esto.


Su abuela sí. Y sufre,

no entiende,


dice que debería tratarse.


Tal vez.


No sé si estará en condiciones

de atreverse, de tomar esa decisión.


La recuerdo de niña y luego, adolescente,

muy bonita, muy inteligente.


Su dolor, -aunque casi no intercambié palabras

con ella-,


 me llega.


 Así no haya vivido esas experiencias,

 tuve mis propios dolores, mis abandonos,


¡me sentí perdida

tantas veces!


Me siento perdida.


Muchas veces.


Por eso, la comprendo.



Cristina Del Gaudio

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