Como un perro,
seguía tus huellas;
podía oler tu perfume,
estuvieras donde estuvieras;
fingía interés
al visitar a ciertas personas
que consideraba "útiles"
para saber sobre vos,
por sus ínfimos vínculos
con alguno que otro
que te frecuentaba
o sabía algo: un lugar, un detalle,
lo que fuera ...que pudiera
referirse a vos;
claro que conocía algunos datos posibles:
por supuesto, tu dirección, tu teléfono:
aunque temía
no hallarte en esa casa,
en la que sí deambulaban
mis poderosos recuerdos.
¡Claro que llamé!
una, dos veces
pero corté apenas no sé quién respondió.
¡Tenía miedo!
entre muchos escritos, frases, tarjetas,
encontré un desplegable que me hiciste
para uno de mi cumpleaños
hace mucho tiempo:
tu letra, tu mensaje de amor,
¡tu deseo de felicidad
para que tuviera el mejor festejo de cumpleaños de mi vida!
¡y vaya si lo fue!
en tu hogar de entonces,
en el parque, junto a tu familia,
rodeada de afecto, abrazos,
¡paz!
-por algo nunca olvido
ese festejo
al que ningún otro,
nunca, jamás se pareció!
hoy estás por allá,
en otro hemisferio.
Hace no tanto,
soñamos -o soñé-,
a distancia,
volver a aquello,
¡volver!
pero no fue, no es
posible.
No existe un día,
-cuando visito a mi antiguo barrio-,
en que deje de pasar por aquel lugar,
testigo del primer beso,
del inicio de tanto en una esquina
todo planta, todo árbol;
así prefiero recordarnos:
¡rodeados de esa explosión natural
en sitio tan sencillo!
mas a salvo de las tristezas,
de la helada soledad;
¡al descubrir, entre ambos, un amor
que fue en verdad, particular, tan particular!
por eso, escojo
ese camino,
pisar la misma vereda,
encontrarme con los restos
de aquel verde
exuberante,
casi tanto como aquella,
¡tantas instancias!
de nuestra irrefrenable
pasión.

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