Una, varias palabras
que nos conectan,
cuando vibramos
al unisono
y en verdad,
no hace falta mas;
sostener nuestros principios,
nuestras aficiones,
¡nuestros sueños!
si son compartidos,
quizas, mejor;
si no lo son,
si no cedemos a la lugubre
sensacion de ser los unicos
que pensamos en esto o aquello,
que no cedemos, ¡que no pensamos en ceder!
a subestimaciones,
ironias, descredito;
si nuestras entrañas
arden, a punto de explotar
por ese proposito,
ese convencimiento
de que la vida
¡nuestra vida!
puede cambiar
y nos empeñamos en ello
y desoimos los refutadores comentarios
de quienes sean,
pues...¡estaremos listos para ese gran paso!
asi nos cueste un mundo,
asi nos quedemos solos
-como cuando pequeña-,
con la mirada
en el nocturno cielo:
fija, inamovible,
como si el menor movimiento
pudiera alterar
el probable pero no imposible
paso de una estrella fugaz.

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