Alguien, por ahi
dijo:
algo asi
como que no hay
que cerrar los ojos
para soñar,
para vislumbrar
alternativas diferentes,
para re-conocernos;
por el contrario,
abrirlos
para verlo todo,
para que nada se pase por alto;
para cambiar el camino,
para seguir en el mismo
pero de otra manera;
por ejemplo, soñe que pintaba
¡excelentes cuadros, increibles,
magicos!
al abrir los ojos
volvi a mi realidad
y recupere la conciencia plena
de mis limitaciones
para siquiera hacer un simple dibujo.
Aun asi, persistia la idea,
las imagenes de aquella experiencia
onirica.
Con los ojos bien abiertos
pase por un taller de dibujo y pintura
y decidi entrar.
Maravillada ante las telas
en que los asistentes
desplegaban su arte,
le pedi a la profesora
si podia hacer un intento.
-Le pagaria la clase, por supuesto-.
Asi fue como me instalo
frente a uno de los atriles
y yo, convencida de que aquel sueño
podria concretarse
pero no.
Solo acudian palabras,
silabas, letras
a mi imaginario.
¡Entonces me di cuenta!
aquel sueño que tuve
me reenviaba, como me ocurre
tambien despierta, en cualquier momento,
a mi innato don o gift.
No me incitaba a dedicarme a la pintura,
me invitaba a intentar algo nuevo,
a reiniciarme,
¡a librarme de ciertas trabas!
a soltarme sin pensarlo demasiado.
Como cuando niña,
en mi maquina de escribir
manual y sin opciones de corregir...
¡de eso se trata!
romper
-entonces, papeles,
hoy, trabas y tabues-
hasta que surja
lo que realmente se pretende
expresar.
