sábado, noviembre 29, 2025

Estúpido empecinamiento

 Eran dos, tres palabras


 pero mi sonrisa

 regresaba;


 ¡no lo planeaba,

 solo surgía!


 pasa que me dio miedo

 tu juventud,


 ¿tu posible decepción?


 los años te enseñan,

 te dan "experiencia"


 pero te llenan de temores,

inseguridades,


"conciencia", por así decirlo,

 de ciertas limitaciones;


como siempre,

-lo hice antes-


te traté mal

y así te dejé ir;


-mi miedo se manifiesta de ese modo,

hace tiempo-


¡no me creí "suficiente"!


claro...


¡no puedo volver a tener

veintipico!


de todos modos,


hay ocasiones

en que lo intentaría:


librarme de todos esos prejuicios,

¡quererme más!


caminar segura,

erguida, a paso firme,


sin expectativas,

sin autocríticas,


-sin ese estúpido empecinamiento

en no confiar en mí-.

Aunque llueva

 Es muy fácil

 decirle a alguien:


 eso que hiciste 

 estuvo mal,


 eso que estás haciendo

 no está bien;


 eso, eso y aquello


 ¡censurado!


 por alguien que no vivió

 ni por un segundo,


 similares circunstancias;


 por alguien

que no supo de esos amores


que te dejan la sangre revuelta,

el corazón aniquilado,


la cabeza hecha añicos;


los que se creen

"dueños de la verdad"


y jamás vivieron

EN la verdad 


de sus sentimientos,

de sus impulsos,


de sus instintos;


solo hay que decirles:

no estuviste en mi situación

ni en una situación similar, (en muchos casos);


reaccioné así,

no hui a tiempo, quizás,

te lo concedo,


hoy probablemente,

no actuaría de tal o cual forma;


pasó.


Aunque queden resabios,

aunque atormenten todavía ciertos reproches,


aunque se extrañe,

aunque se crea que se extraña;


aunque llueva (excusa)


e invite


a torturarse


¡de nuevo!


con la misma historia.

Definitivamente

 Ahora...


 ¿por qué lo menciono?


 ¿habrá un lugar secreto

 o no tan secreto


 donde anidan

 mis más absurdas e imposibilísimas 

 esperanzas?


algo así.


Digo que no te espero,

aunque creo que sí te espero.


Supongo que pasaré el resto de mi vida

esperándote, así sepa conscientemente


¡muy conscientemente!


de la inutilidad

de esa estúpida ilusión.


Todo acabó tan tan ¡tan horrible!


que nada justificaría los hechos


o los desechos


de un amor que ya no era amor

pero era algo, algo era, sí;


ahora, desde hace rato...nada.


Siento tanta tristeza

al añorar lo definitivamente perdido


¡y en gran parte, por mi culpa!


así es que deambulo

entre mi vida, digamos, "real"


y en una especie de vida "paralela":


vida en la que estamos juntos,

reímos, nos besamos, planeamos,


¿la de antes, la de un antes muy anterior?


y...sí.


No sé por qué destruí

-o intenté destruir-


a quien más amaba.


Después de tanto preguntármelo,

todavía no me lo puedo responder.


No soy, en absoluto, la que era entonces;


te aseguro

que hoy no haría nada pero nada similar.


El tiempo, tu desaparición absoluta,

el buscarte aquí y allá,


enredada entre las redes,

¡cero datos! 


perdida, desolada,


¡sola!


¿culpa?

tal vez, un poco,


-menos que años atrás-.


No creo en otras vidas.


Por lo tanto,

aunque me perfore el estómago

siquiera escribirlo,


¡siquiera pensarlo!


tu regreso


no se concretará.


Nuestro reencuentro:

menos aún.


Definitivamente.

Regreso esperado e inesperado

 Regresó


¿para quedarse?


no importa.


 Sí el renacer

 de su esplendor;


 -saben que yo

 nunca deje de esperarla-;


 ¡sufrí mucho

 con la que supuse su extinción definitiva!


 pero allí está,

 hace unos días


 y desde las vías

 le grité: ¡regresaste!


 -aunque no estoy segura

 si lo escuchó-


 ¡no pretendo

 que esté atenta


 a mis desbordes,

 a mis penas, a mis alegrías!;

 

lo importante es que resurgió,

ofreciendo, desinteresadamente,

sus ofrendas color violeta.


¡Mi querida enredadeŕa

y su collar de campanitas!


su impactante collar:


¡hoy aun mas!


¡pues luce tan brillante


con esas perlas transparentes!

sábado, noviembre 22, 2025

Los que nunca llevan paraguas

 Que me ignorabas,

 que me evitabas,


 que ni siquiera

 advertias mi presencia;


 asi o similares


 fueron mis sueños

 ¡o pesadillas!


 durante años.


 Proyectaba en el ambito onirico

 tu aun inexplicable abandono


 de un dia para el otro,


 sin explicaciones, llamados,

 nada.


 Y esa nada

 convivio con mi inutil todo


 durante largo tiempo.


 Hasta que la sombra

 del que fuiste


 se cruzo con la mia:


 Un cafe en uno de esos tipicos

 bares porteños,


 alguna que otra palabra,

 en absoluto, referida a su antigua ya

 "huida";


  ya no quedaba ni una sola ceniza

  de aquel fuego que parecio, en el pasado,


  inextinguible.


  De pronto, una tormenta feroz

  sometia a los transeuntes,


 olvidados de paraguas,

 impermeables y demas


 a cubrirse del viento y de la lluvia

 en algun momentaneo refugio.


 Yo era una de esos,

 lo sigo siendo:


 los que nunca llevan paraguas.


 Me levante de la silla

 y le dije adios, casi sin mirarlo.


 Enseguida, el dejo el dinero en la mesa

 antes de caminar hacia mi rapidamente.


 Ofrecio llevarme en su auto

 pero a pesar de que la lluvia aumentaba 

 su intensidad,


 me negue.


 Entonces, de pronto,

 me tomo del brazo y me atrajo

 hacia el.


 Y me beso, apenas, en los labios.


 Luego me dijo que me cuidara 

 o algo asi;


 me limite a sonreir

 ¿nostalgia, desinteres?


 no se.


 Lo cierto es que me aleje

 rapidamente,

 

 sin girar hacia atras


 ni una sola vez.





















 



 

 


 

domingo, noviembre 16, 2025

De verdugos, de víctimas

 No se si felicitarme,

 enorgullecerme,


 O arrojarme al suelo

 y llorar


 hasta secarme.


 Decir verdades

 claro, esta bien


 pero si se lastima

 a alguien importantísimo

 

 pasa un rato

 ¡y uno se quiere matar!


 es cierto, quizás, 

 lo que se reclama,


¡ se demanda! 


 a pesar de que hayan transcurrido años.


 Aun así,


 supongo que uno está en su derecho

 de contar, de hacer recordar...¡de hacer ver!


 lo que se padeció;


 a pesar de que absolutamente todo

 haya sido tal como se lo plantea; 


 Mas el dolor no se va.


 Tal vez, sirva para pensar:

 "ahora me doy cuenta...ahora entiendo..."


 pero si el destinatario

 de esas expresiones, de todo eso

 que se soportó y calló en su momento


 no lo registra, finge haberlo olvidado


 y uno se transforma

 en el verdugo, en el torturador...


 ¡Oh, Dios!


 ¿Cómo no estar mal

 cuando amén de haber sufrido


 maltratos, 

 

de la índole que fueran,


 de haber sido juzgado 

 por ser y hacer


 según las propias elecciones,


 al cuestionar, al preguntar el por qué,


 se lo instala en el rol del que trae problemas,

 del que "SIEMPRE"

 los ocasionó?


 Claro, bastó con no seguir mandatos

 o seguirlos durante un rato


 para luego darse cuenta de lo absurdo

 y enfermante que fue


 ese interrumpir, siquiera por un breve lapso, 

 las decisiones, las acciones propias...


 ¡la esencia!

 

 les pregunto: ¿vale la pena

 ser culpado, rechazado,

 apartado,


 que más allá del sufrimiento, ¡se pague, se castigue!

 por sostener los particulares principios,


 en definitiva,


 por vivir conforme a quien se es,


 guste o no guste,

 complazca o no complazca,


 se trate de quien se trate?

 



miércoles, noviembre 12, 2025

¡Se nos escapan los días!

 Sin caretas, 

 sin excusas, 


 ¡ sin prejuicios!


 Vos, yo,


 diferentes entornos,

 edades, profesiones,  


 diferentes proyectos, 

 visiones, ideas...


 ¡A la basura

 todo eso!


 Se imponen

 las ganas,


 ¡esas miradas!

 

 esos "hola, ¿cómo estás?"

 así sea a la distancia.


 No hay tiempo,

 se nos escapan los días, las horas,

 los instantes...


No es este, ahora, ni quizás desde hace rato,

el reino del amor...


Se lo descarta, 

se lo canjea por valores o disvalores,


se descree de su existencia,

se lo confunde con símiles,


¡se lo pisotea!


entonces, quien lo siente,

-correspondido o no-,


se asusta, lo evita,

reprime sus anhelos,


en un fugaz intento

de plegarse a las banalidades,


¡a la inmunda mediocridad!


que jamás, ¡jamás!


estará a la altura de tan estrepitoso

estallido.

 

 

 

viernes, noviembre 07, 2025

Aquella tiara violácea

 No puedo evitar

 detenerme.


 Quizás, algún curioso

 me esté observando;


 tal vez, le asombre 

 mi actitud;


 insisto e insisto en buscarla:


 de algún modo,

 me pertenecía,


les pertenecía


a quienes repararon en ella,

siquiera por un momento;


entretanto, yo aguardaba 

año tras año


su inspiradora tiara de flores

color violeta;


el verde brillante

que le brindaba el verano,


también, su despojo

otoñal;


pero hoy...

nada.


Duele verla en ese estado,

convertida, apenas, en algunas ramas resecas,


tan solas,

tan vacías


como mi espíritu,


al haberla perdido;


duele la interrupción

de su magia;


¡esa corona primaveral

no pudo esta vez

resurgir!


observo detrás,

unos metros más lejos,


algunas flores violáceas,

¿las mismas, similares?


me ilusiona imaginar


que su esplendor

en lugar de extinguirse,


haya mudado

de sitio;


aun así, sigo esperándola,

cual enamorada;


no me produce el mismo efecto

ese puñado de flores 


similares,


¡mas de ningún modo 

las mismas!



Retomar la inexistencia

 Hay días

 en que no entiendo como sigo.


 ¡Y me admiro por ello!


 pasaron años

 de aquella horrible despedida;


 me arrastré por el barro, 

 me auto-encerré

 

y nadie lo advirtió.


En tanto, lloraba

por dentro, por fuera, 


donde fuera.


Mi miraba exhibía 

una tristeza tan inmensa


que no podría explicar.


 Me aterra, en ocasiones

 este ¿eterno?

 nunca más;


 me paraliza, 

 me roba el propósito


 tremenda incertidumbre;


 ¿Fue rabia, ¿fue miedo?, 

 ¿fue venganza?


 se que toda esa nada

 que era mucho


 desapareció.


 Fui retomando mi inexistencia, 

 como pude, 


 ¡con mis restos, con el alma derrumbada,

 con mis sueños rotos!

 

 hoy volvés

 a mi ávido lugar onírico...


 pero mal


muy mal,


rechazándome, arrojándome a un lado,


¡adiós a mi débil certeza

de siquiera, volver a leerte,


de tu estar

tan lejano!


y no me refiero

a la distancia geográfica.



Cristina Del Gaudio

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