No se si felicitarme,
enorgullecerme,
O arrojarme al suelo
y llorar
hasta secarme.
Decir verdades
claro, esta bien
pero si se lastima
a alguien importantísimo
pasa un rato
¡y uno se quiere matar!
es cierto, quizás,
lo que se reclama,
¡ se demanda!
a pesar de que hayan transcurrido años.
Aun así,
supongo que uno está en su derecho
de contar, de hacer recordar...¡de hacer ver!
lo que se padeció;
a pesar de que absolutamente todo
haya sido tal como se lo plantea;
Mas el dolor no se va.
Tal vez, sirva para pensar:
"ahora me doy cuenta...ahora entiendo..."
pero si el destinatario
de esas expresiones, de todo eso
que se soportó y calló en su momento
no lo registra, finge haberlo olvidado
y uno se transforma
en el verdugo, en el torturador...
¡Oh, Dios!
¿Cómo no estar mal
cuando amén de haber sufrido
maltratos,
de la índole que fueran,
de haber sido juzgado
por ser y hacer
según las propias elecciones,
al cuestionar, al preguntar el por qué,
se lo instala en el rol del que trae problemas,
del que "SIEMPRE"
los ocasionó?
Claro, bastó con no seguir mandatos
o seguirlos durante un rato
para luego darse cuenta de lo absurdo
y enfermante que fue
ese interrumpir, siquiera por un breve lapso,
las decisiones, las acciones propias...
¡la esencia!
les pregunto: ¿vale la pena
ser culpado, rechazado,
apartado,
que más allá del sufrimiento, ¡se pague, se castigue!
por sostener los particulares principios,
en definitiva,
por vivir conforme a quien se es,
guste o no guste,
complazca o no complazca,
se trate de quien se trate?