domingo, noviembre 16, 2025

De verdugos, de víctimas

 No se si felicitarme,

 enorgullecerme,


 O arrojarme al suelo

 y llorar


 hasta secarme.


 Decir verdades

 claro, esta bien


 pero si se lastima

 a alguien importantísimo

 

 pasa un rato

 ¡y uno se quiere matar!


 es cierto, quizás, 

 lo que se reclama,


¡ se demanda! 


 a pesar de que hayan transcurrido años.


 Aun así,


 supongo que uno está en su derecho

 de contar, de hacer recordar...¡de hacer ver!


 lo que se padeció;


 a pesar de que absolutamente todo

 haya sido tal como se lo plantea; 


 Mas el dolor no se va.


 Tal vez, sirva para pensar:

 "ahora me doy cuenta...ahora entiendo..."


 pero si el destinatario

 de esas expresiones, de todo eso

 que se soportó y calló en su momento


 no lo registra, finge haberlo olvidado


 y uno se transforma

 en el verdugo, en el torturador...


 ¡Oh, Dios!


 ¿Cómo no estar mal

 cuando amén de haber sufrido


 maltratos, 

 

de la índole que fueran,


 de haber sido juzgado 

 por ser y hacer


 según las propias elecciones,


 al cuestionar, al preguntar el por qué,


 se lo instala en el rol del que trae problemas,

 del que "SIEMPRE"

 los ocasionó?


 Claro, bastó con no seguir mandatos

 o seguirlos durante un rato


 para luego darse cuenta de lo absurdo

 y enfermante que fue


 ese interrumpir, siquiera por un breve lapso, 

 las decisiones, las acciones propias...


 ¡la esencia!

 

 les pregunto: ¿vale la pena

 ser culpado, rechazado,

 apartado,


 que más allá del sufrimiento, ¡se pague, se castigue!

 por sostener los particulares principios,


 en definitiva,


 por vivir conforme a quien se es,


 guste o no guste,

 complazca o no complazca,


 se trate de quien se trate?

 



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Cristina Del Gaudio

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