No puedo evitar
detenerme.
Quizás, algún curioso
me esté observando;
tal vez, le asombre
mi actitud;
insisto e insisto en buscarla:
de algún modo,
me pertenecía,
les pertenecía
a quienes repararon en ella,
siquiera por un momento;
entretanto, yo aguardaba
año tras año
su inspiradora tiara de flores
color violeta;
el verde brillante
que le brindaba el verano,
también, su despojo
otoñal;
pero hoy...
nada.
Duele verla en ese estado,
convertida, apenas, en algunas ramas resecas,
tan solas,
tan vacías
como mi espíritu,
al haberla perdido;
duele la interrupción
de su magia;
¡esa corona primaveral
no pudo esta vez
resurgir!
observo detrás,
unos metros más lejos,
algunas flores violáceas,
¿las mismas, similares?
me ilusiona imaginar
que su esplendor
en lugar de extinguirse,
haya mudado
de sitio;
aun así, sigo esperándola,
cual enamorada;
no me produce el mismo efecto
ese puñado de flores
similares,
¡mas de ningún modo
las mismas!

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