Hay días
en que no entiendo como sigo.
¡Y me admiro por ello!
pasaron años
de aquella horrible despedida;
me arrastré por el barro,
me auto-encerré
y nadie lo advirtió.
En tanto, lloraba
por dentro, por fuera,
donde fuera.
Mi miraba exhibía
una tristeza tan inmensa
que no podría explicar.
Me aterra, en ocasiones
este ¿eterno?
nunca más;
me paraliza,
me roba el propósito
tremenda incertidumbre;
¿Fue rabia, ¿fue miedo?,
¿fue venganza?
se que toda esa nada
que era mucho
desapareció.
Fui retomando mi inexistencia,
como pude,
¡con mis restos, con el alma derrumbada,
con mis sueños rotos!
hoy volvés
a mi ávido lugar onírico...
pero mal
muy mal,
rechazándome, arrojándome a un lado,
¡adiós a mi débil certeza
de siquiera, volver a leerte,
de tu estar
tan lejano!
y no me refiero
a la distancia geográfica.

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